Algo

Esta ciudad que huele a montañas y cielo gris,
cercada de hombres que no hablan,
como estatuas de pan negro
endurecidas por la humedad del fiume.

No hay voces ni silencios inocuos,
ni perdón en tu abandono,
sólo ese secreto vertiginoso - que oculto
a media voz,
sobre la piel intacta de los pétalos primeros
de la primavera sobrevenida.

Llevo en el corazón esa escrita abandonada
- de cuchillo sobre el pecho -
un tatuaje a dolor con montañas y bosques
traficados por sendas sin direcciones.

No hay aceras ni pisadas de Hombres,
ni puñetazos sobre los veladores
- besos después de la lluvia -,
caricias malvadas que dominen al Mundo.

Bajo las manos y me resigno,
digo cuánto fue importante vivirte,
subsistir a los mordiscos de las religiones
que no hablan ni de Dios ni del Hombre,

ahora apago todas estas velas de nieve
que han acorazado mis esperanzas
y han llenado el cielo de pájaros de acero,
buscando al culpable de esta agonía desordenada.

No hay colores exóticos que prueben la vida,
ni inocentes a los que defender,
no hay defensas ni cuerpos bellos
que limpien el alma de quien nos gobierna,

sólo hay pistolas y leyes y normas,
y presos que no piensan - dicen -,
pero algo más debe haber,
algo que nos desenfrene y desconcontrole
que nos roce y nos enamore,
que nos distinga y nos supere,
algo que no es propiedad de nadie.

Pármulo
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