Greda

No hay culpa humana que 
nos haga cómplices de la derrota del Hombre.

Rigidez nocturna entre las horas
de praderías acongojadas de sonidos,
cuerpos bregados sobre la tierra.

Las pupilas dilatadas
de las mil manos infatigables,
adormecen las hiervas santas
de una tierra consagrada
por escuderos serenos.

De ese lecho eterno y comprometido
brotan las raíces de los espíritus
que declaran ser testigos
de una realidad oculta.

Pármulo; "Herido entre los mortales"; 2013;