Diez Poemas - Oriente




"Si oyes mi pisadas,
no te escondas"

Pármulo (1990)


Poema II

Ahí, rota, como un universo paralelo
A mitad de las copas de dos planetas
Que se abren en canal al río de luces
Que la luna cierra a destientos.

Ahí, quebrada, como una rosa que nace
Y que el tiempo va envejeciendo sin saber
Si morirá o vivirá en la trinchera
Esperando ser una barrera de mil colores.

Ahí, castigada, creyendo que no pienso
En sus lazos eléctricos,
En sus hojas verdes.

Ahí, quemada, entre el sol y la luna,
Ese juego de mares que limitan
Y que en el tiempo no pelean.



Poema IV

Y quién soy si no hay estrellas,
Si no hay nieve y no hay huellas.

Quién soy, dímelo tú,
que solo tú sabes mecer al planeta,
y entre los huecos de tus brazos
yo me arrincono como el viento.



Poema V

Ayer al abrir la ventana,
lo encontré durmiendo
en la copa de los árboles,
esperando ser el primero
en besar mi mañana.

Sobre las tazas del café,
Sobre la cuchara y
En el gusto del azúcar,
Lo he encontrado.

Vive en mi perfume,
Y ahí se conserva a esperar
Que sea yo quien le deje salir.

Su esencia viene conmigo,
Pasea y cuando camina,
Hace hablar a los demás.

Vive en las varillas de los paraguas,
En los adoquines de las calles,
En el color de las paredes,
Vive entre la sangre y el agua,
En el aire.



Poema VI

Con los ojos tristes he pintado un retrato
De las escenas que nos identificaban,
He mojado mis labios y ahogado
a medio planeta con el agua de mis ojos.

Las escenas de aquel misterio
Se convierten en un secreto manipulado,
En una historia que todos conocen,

Y ahora lloran.

Una catarata de sangre ha comenzado
A emanar de nuestros labios
recorriendo aquellas tierras lejanas
por las que los rumores caminaban.

Y ahora lloran.

Tus manos cansadas
Deben estar remando
En el océano que lleva mi nombre;
Y ahí es donde tus ojos azules
Darán la vuelta al mundo
Hasta encontrar el afluente;
Y ahí vivirán congeladas las lágrimas
Si es que tus ojos son capaces
De recordar lo que reímos.



Poema VIII

De azul, rojo y verde han descrito esta mañana
Los vestidos de la reina,
Bordados con ojos de cebra y piel de serpiente.
Su piel no ha dejado indiferente a la luna,
Brillo de candela que no quema,
Amiga de la luna y la viajera sombra.

Va dormida y caminando,
Híbrido del alcohol y el humo negro,
Caminante serena y silenciosa.

Ahí la copa, ahí ella:;
Ahí la corona, ahí la reina.

Ojos negros entre la niebla,
Cuando despierta…
Mientras duerme,
Párpados grises en el insomnio.

Medio pecho como mártir,
Labios de morera.

Ahí la copa, ahí ella;
Ahí la corona, ahí la reina.



Poema IX

No es la espina de una rosa
Ni el pico de una flecha,
Es la indiferencia el único puñal
Que a mi alma quema.

Fuego amarillo en el corazón
voces que roen la conciencia,
y hasta deseo entre la piel.

Un filo dorado de amalgama
que emociona al corazón,
¡ay la verde sangre gitana!



Poema X

En las filas de los altares, crisantemos,
Y en la boca de aquella cruz, la fe eterna.

Un pedaleo por el sonoro vacío
De aquel corazón desbocado,
Sobre la rambla de una iglesia
Que entre muros se levanta agotada.

Y en una esquina de aquel banco de madera
La fiera cambia de color sus ojos;
Y ese sonido vacío de un lamento
Convertido en piedra.

En los huecos de los crucifijos, viento,
Y en el color de los cristales, la vida eterna.

Un juego de leídas palabras
De aquella voz encarcelada,
A los ojos de los mil rostros
Que de la cara se marchitan sin pena.

Y en una esquina de aquel banco de madera,
La fiera alza sus alas en la sombra,
Y ese sonido vacío de un lamento
Convertido en risa.

En las filas de los altares, crisantemos,
Y en la boca de aquella cruz, la fe eterna.

En los huecos de los crucifijos, viento,
Y en el color de los cristales, la vida eterna.



Poema X

Como en una noche tenue bajo la playa
Un barco se acerca acurrucado entre las olas,
Y en el desafío del viento junto a las velas,
La mar se detiene.

Y se calman los brazos cansados de remar,
Bajo las babas de la luna y la arena negra.

Tesoros. En el punto ingenuo de la conciencia.
El alma abierta en espiral se traga las lágrimas,
Como una garganta de metal y acero.

Y ahí la diosa olvidada,
No se supo si enterrada entre las lágrimas
O dormida sobre el anfiteatro de olas espumosas,
Cansada de seguir muriendo
En un juego en el que nadie se anuncia.
Ahora el barco la mira despacio
Junto al musical silencioso de las gaviotas,
Con la voz de un anfiteatro que no habla.

Las huellas de la piel colorada
Han dejado la marca sobre la tierra,
Amiga soberana del tiempo que,
Resiste inquieta en la apariencia.
Luces amarillas mezcladas
Por la tibia agua que se aproxima,
Que se engancha a los pies y los fortalece.

Y pasa el tiempo amortajado por el calor
En una primavera llena de noches,
Las manos ya casi forman parte del mar
Y el mar se apiada del cuerpo
Con un paseo de ondas maravillosas,
Dejando allá sólo la sombra.


Poema XI

Él no es como yo,
En su boca la lava roja y ardiente
Y en mis manos ese volcán que nos hiere.

Material vacío que se acomoda
Sobre los rincones de las estanterías,
Como el oxígeno que se funde.
Es la arteria que me mata.

Vive en el pulmón de las olas
no en el corazón del aire,
y cuando miraba el cielo
yo lo creía infinito.

La tierra encuentra en sus manos,
el veneno mezclado de sangre,
Pero él no es como yo.

No será simple ser como yo,
yo existo y él no
A veces creo que el sueño
nos ha despertado;
y en la imaginación dormimos
eternamente,
entre la lluvia,
entre los poemas.

Pero èl no es como yo,
no pregunta si hemos superado
las normas.



Poema XII

El impacto de dos balas en el corazón,
Que ametrallan tu cuerpo
Viola mi inocencia y la destruye.

La imagen baja por las escaleras,
Apagándose, inquieta,
Volando, muriendo.

Y se han derribado los muros y las paredes,
Aunque el silencio no desiste;
Han cambiado los minutos
Porque las horas se han apoderado
De los nueve segundos.

Y ahora la negra sangre,
Como colirio entre tus ojos
Mirándonos:
Tú entre los muros y yo aquí:
Ahogándome.

Ahora tu apellido ni tiene nombre,
¿quién eres? Insistió
Ni tu mano ni el revólver,
La condena de morir.


* Garcia Garrido, Francisco (Pármulo), "Oriente", La Mansion del Poeta, 2012
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