POEMA 7



POEMA 7

Ahora vendo mi corazón
en cada esquina,
con el fin de regalarme
el olvido eterno.

Como dos alas
abiertas sobre tus ojos,
se despliega el viento,
amante desmesurado
sobre mis labios.

No eres capaz de mirar
porque sabes que de un velo
pende mi corazón,
un rubí de doble cara.

Sabes que el silencio
me protege,
y de eso me envidias,
por eso mueres.

Has dejado de pensar
en aquella colina de trapos
que amontonamos cuando
nos mordíamos los labios
en el último extremo de la cama.

¡Qué salvaje intuición!

Los muchachos y muchachas
están mirándonos con asombro
porque nos besamos
junto a un plato de cerezas
en medio de la playa de Mazagón.

Un río de gaviotas atraviesan
el sol derretido,
y nos contemplan con impaciencia
para buscar los besos
que caen a la arena,
mezclados como un terremoto
de pleamar.

De noche,
una imagen
                  [locura.]

La noche se viste de estrellas
y las sirenas
con vestidos de escamas,
nos miran desde el faro del espigón
mientras toman una copa
acompañada de sexo.

El silencio se rompe
cuando nuestro barco
enciende sus luces en la orilla
y encallamos la embarcación, entre
las palmeras de la imaginación.

Pármulo 2011