LOS BESOS ETERNOS



Los besos eternos

Arraigados al corazón,
siento las corrientes de aire fresco,
validados en una sinrazón
de soledad y condena.

Mi comportamiento no fue el mejor
y el tuyo, alejado,
me hirió la piel
como carne abierta sobre la sal.

Me he empezado a enamorar de la soledad,
porque es quien me comprende y
la que me arropa todas las noches
junto a unas sábanas heladas y marchitas.

Sus ojos son dos corazones expresivos
repletos de amistad y compasión,
y sus labios dos montes de terciopelo
que van muriendo lentamente,
en aquella habitación cerrada
en la que hoy encarcelo mis manos.

El viento no existe ni la luz tampoco,
las risas se han muerto y tus besos...
¿qué hay de tus besos?
esos ya apenas los recuerdo.

Me he enamorado de una mujer transparente,
con una gasa de lágrimas que le cubre
el pecho intacto y la piel morena.

Sus pestañas son dos arcoiris de hielo
donde lucha la intermitencia y la penitencia,
un monólogo de tic-tac en el silencio
de esta habitación sin puertas.

He perdido la voz y el sentido
de pensar en estar atado a esta mujer
que me empieza a asesinar con sus lamentos,
con su ira de policromía y cera transparente.

He perdido el sabor de tu lengua
y el jugo de tus dientes,
el color de tus ojos y el tacto de tus manos,
he perdido la cabeza,
y de tanto perder he perdido la vida.

Pármulo 2011 
(Este poema significa muchísimo para mi, 
espero que mis 800.000 lectores lo lean 
con esmero y dedicación).