LAS SOMBRAS


Las Sombras

Son las doce del medio día
entre los quehaceres de mi alma
una cuerda tira del amor
y la otra me ahoga en las aguas.

Es el viento helado,
quien susurra nuestra agonía,
agonía que yo tiendo
a oscuras día a día.

Ya ni piensas en mis labios
ni recuerdas mi amor a voces,
sólo piensas en ese hombre
que retratas a lápiz
con tu sangre enfardada
de dos plomos romanos
y una sonrisa dorada.

¿A que tiene miedo
si no es al calor de mis manos?

Si son mis ojos tus dos mares
donde nadas cada tarde
y en esas aguas embarradas
triunfas con tu velero de alegría.

Una calavera de Normandía
traes junto a mi boca,
el paso de los años, tuerca,
mis angostos sentimientos
de esperanza y letanía.

¡Qué memoria recuerdo!
Si ya no soy tu guarida,
deja entre mis dientes
ese aliento
que hace años palpitaba
bajo mi corazón durmiente.

Un reguero de alcohol,
viaja desde mi cama
hasta el frío comedor
donde anoche me moría
de rabia por no tenerte
por perderte, vida mía.

Hace sombras ese amor,
esa resaca de vino dulce,
amargo a día de hoy
que asquea mis brazos
tristemente en tu mirada.

La sombra es mi canción,
mi sustento de la vida
negra imagen de un amor
que hace meses que me olvida.

Rompe el alma con ese cañón
que ayer compraste
y vuelve al pueblo,
a saciar con este dolor
dos caminos de amalgama,
plata de flores de algodón
y oro entre tus cabellos.

Languidece mi extraña fama
sobre el aceite de mis lágrimas,
una vela encendida, roja,
para que tu volvieras.

El agua entre las sombras
duerme este fiero infernal
la muerte que sospecha
que mis sábanas expiraron
una fugaz espiración.

Redoble de tambores
y a lo lejos, un ejército de blanco
entre dos esferas de agonía
tocan la muerte de la vida,
por un amor absorto
en la inconfundible letanía.

Pármulo 2010