EL BESO QUE NUNCA ME DISTE


EL BESO QUE NUNCA ME DISTE

Te conocí ayer bajo los senderos
tristes de mi corazón
y ahora pienso que no soy yo
cuando un tren lento
viaja solo y muerto
por los suburbios de una estación
abandonada hace tiempo.

Amor, qué de tiempo hace
que ya se que no soy yo,
ni las piedras del sonoro viento
hacen el chasquido leve
de una compasión.

Hay que analizar.

Yo he pensado en volver
a empezar, y dejar
diez hojas en blanco
por aquellos días de lluvia
en que el fuego no apagaba
mi amor y terminó
por quemar tu paciencia.

Vamos a empezar de nuevo,
porque ya no soy yo.

Aún recuerdo,
cuando en el frío cristal
miraba tus labios animados
casi mecánicos al son
de mis ojeras enamoradas,
pasajeras y noctámbulas,
apartadas de este holocausto.

Déjame pintar con mis labios
una risa en esa luna roja
que corona tus mejillas.

Déjame reír entre tus brazos
como cuando hace meses
soñaba cada noche,
entre luces de algodón
sin engaños,
sin mentiras.

Si eres un sueño,
sinceramente,
eres el sueño más largo
de este mundo que...
me ha dejado en el desmayo
de miles de pasajes mundanos.

Si eres un sueño,
prácticamente,
me has condenado a
estar dormido durante años,
décadas de sensualidad.

Si eres mentira,
despiértame poco a poco
que tengo miedo a caerme
de mi cama
como si fuese el gran vacío,
la oquedad del corazón roto,

como si en el alma hubiese
un agujero hondo y
el cuerpo se deslizara hacia él.

No me empujes,
no me arrojes al agua
de ese eterno abisal marinero
que tiembla sobre serpientes
de sedantes y morfina.

Deja que tiemble el corazón
opaco en el sueño,
mientras viva, 
déjame vivir soñando.

Pármulo 2010