VILLALBA DEL ALCOR




Villalba del Alcor

Villalba del alcor sobre una cornisa dorada
nace entre dos mares de girasoles que
encienden las tardes con el repicar de las campanas.

Frontera con Sevilla y Huelva,
la mirada de su travesía, distante,
se hace mujer entre los moreros
que saludan y despiden nuestras pisadas.

Amplia y grande, hermosa y brillante
luce con sus señoriales casas, calles de plata
y flores de los balcones que la adornan.

El entramado de rincones la hace única,
bajo los senderos de la tarde fresca.

Amortajada de vinos andaluces,
la melancolía de las fiestas del Carmelo
nos pasea por una feria de luces,
y aquel corazón del cinco de febrero
que manchado de candelas, vive
un año más junto a la ermita noble y santa.

Villalba del alcor, cima de montañas
y espesor del verano fresco entre alcores
que dibujan campos de albero.

Villa de aquellos jornaleros
que arrodillados a los campos
hacen sentir el orgullo de un pueblo,
pueblo santo de mil devotos feriantes.

Mientras suenan las campanas,
el reloj toca las doce. Misa.

El agua fresca de su blanca fuente
hiela de anhelo el cielo celeste
que arrasa con nuestros cuerpos
derretidos del fuego de la plaza.

Villalba del Alcor,
cumbre de artistas,
nos envuelve en un halo
de música y esencia
a cualquier hora del día,
entre la fresca mañana
entre los cálidos días.

Pármulo