UN MILLAR DE SENSACIONES


Un millar de sensaciones

Entre aquellas cortinas de humo
(suspiro) cinco cuerpos ocultos,
desnudos y perdidos entre sábanas.

Nuestras miradas paralelas a la luz
de la noche estrellada, sudaba.

El mantel, el cubierto cielo,
las copas de vino y el palpitar.

Las estelas de uniformes
viven en otros universos
que sienten el fresco atardecer,
como un hielo que brota de sus pies.

Un millar de sensaciones
atraviesan nuestras manos,
y lentamente van caminando
hasta dolernos el cerebro.

Las auroras del unísono ocaso,
nos llama a diario
y nos confunde de melodía.

El pajarillo que allí revolotea,
muerde alas de mariposa
y sentado sobre mi ventana
empieza a contar las horas
sin digerir el pensamiento de culpa.

Los brazos (suspiro) cansados
se acuerdan de las nalgas
de una esperanza firme,
militante en nuestro sueño.

Los comedores del alma,
solos o vacuos,
se ensordecen cuando corren
por los pasillos del ventrículo 
izquierdo, dos filas de niños
quietos y sólo sus zapatitos
hacen vibrar un millar de sensaciones.

Pármulo

LA SALA

Author, Frederic Soulacroix

La Sala

Ya no recordamos aquellos cafés sentados
juntos en el salón mientras nos reíamos,
sentíamos el color de las paredes
y el calor nos envolvía en un halo de
silencio y especialidad.

El viento caluroso de las mañanas
era sólo para los halcones, de
aquellos vendedores fieles
que perdían las llaves de sus corazones
en las alcantarillas de nuestras callejuelas.

El sex-appeal se embrujó y sólo
reíamos a tus miradas, a tus encantos
y a tus muecas.

Tus labios como dos horizontes
se desprendieron de nuestras almas
y con ansias, necesitaban ser fuertes,
vivos en esa esfera de locura tocada.

Y yo, esperando que me miraras
no era más que un mueble de aquel salón,
y yo esperando que me endulzaras,
no era más que un agrio limón podrido.

Dime de tus escandalosas piernas,
o de tus brazos como olas,
o de tus rodillas como puentes,
que tus ojos son ciertos, ilimitados...

Pármulo 2010

LA QUIETUD DEL UNIVERSO


La Quietud del Universo

Y despertarse cada día pensando de nuevo
en que nada nos sirve, nada es nuestro,
no somos más que el polvo que lleva el viento.

Algunos piensan que no tienen corazón
dejando atrás miles de bocas sin agua,
otros no piensan ya que no tiene corazón
y la mente es un instrumento más
para hacerlos iguales.

Y sentir el frío cada noche porque
no tengo sábanas, no tengo ventanas
y sólo son cartones los que me tapan.

Y sentir el hambre cada mañana,
cada mediodía, a cada segundo después
de un rebollo de la basura.

Y sentir el hielo de las miradas,
grandes torres que nos miran desde arriba
como si desde un telesférico viajaran,
lanzando balas de diez céntimos y
algunas migajas como canicas.

Y sentir el corazón que se para,
cuando ves a quien amas,
cuando sientes ese olor que se acerca
que ha pasado hace un instante y
hace años que no encuentras la forma
de devolverle el beso limpio
de cuando eras alguien.

Y sentir que no eres nada,
un macetero más de la avenida,
sin flores y sin agua. Seco.

Y sentir que estás acabado como
los nubarrones del verano,
cuando el sol te achicharra y
no sabes qué pedir.

Y sentir que no te sirve en absoluto
estar pensativo,
navegar por nuevas calles olvidadas
de entre las que nunca habías pasado.

Y sentir que acabaste con tu vida,
que no tienes cartera,
que no tienes cumpleaños,
que no sientes el alma...

Y sentir que eres el mismo de siempre,
que nadie te ha cambiado,
sólo el color de la ropa,
tan sólo el amor que ya no llevas,
los perfumes,
el reloj que dejaste en empeño.

Y sentir que eres basura,
que ya nada importa porque
nadie se acuerda de ti.

Y sentir que... no recuerdan tu cara
tus ojos verdes tristes,
tus manos arrugadas...

Y sentir que aquel que pasa por allí
es tu hijo, grande y fuerte,
guapo y estudioso...

Y sentir que pasa con amigos,
y que los amigos se rien de tí,
y que tú, abatido, susurras su nombre
y el grita a carcajadas, risas vitales.

Y sentir que averguenzas...

Y sentir que un día pasa por tu lado
y te llama, y te levanta y...
te pide perdón y te construye.

Y sentir que eres persona,
que eres humano.

Y sentir que la sociedad es de cristal,
que todo el mundo te saluda,
que el cielo te sonrie
y que vuelves a ser una estrella más.

Yo siento que es penoso el mundo,
y el universo en su quietud
se ahoga tristemente.

FILOSOFÍA
*2(A los desamparados, los que viven en la calle. También son personas ¿no? Recuerdo hace unas
semanas a la publicación de este libro como pasó una mujer de unos sesenta años por mi lado y el
de mi pequeña sobrina de cuatro años, y decirle esa señora a mi sobrina: eres muy guapa. Fueron
palabras maravillosas porque me di cuenta que también, son personas, tienen sentimientos y tienen
sentidos para ver la dulzura. Estoy seguro que esa señora si hoy tuviera cuatro años, quizás su vida
sería otra o a lo mejor, su destino era el de vivir en la calle. Lo importante es... que nos igualemos
porque cualquiera de nosotros podemos acabar en casas de cartón.)

CAMINA TRISTEMENTE

Camina Tristemente

Camina tristemente el que no habla, y el que no piensa
que su corazón es tan pequeño que se ahoga
en tres manzanas de caramelo calcinado.

Camina tristemente el que no oye, el que 
no escucha la melodía del viento y las olas
en el palpitar incesante de mi pecho.

Camina tristemente el que no abre los ojos al pacífico
el que no se acuerda de las tardes de brillante sol.

Camina tristemente el que no silva sobre los pozos
simulando ser un pajarillo que compone
estrofas torrenciales en lo alto de las montañas.

Camina tristemente quien no suspira por un alma,
por sus seres queridos o por su amada,
quien no recuerda haber sido besado sobre
las arenas de una playa oscura y desierta.

Camina tristemente el que no se inquieta por nada,
no conoce los placeres del amor, y siente belleza 
por lo material y lo estrictamente innecesario.

Camina tristemente quien no sonrie a las mañanas
y ve la tarde como la muerte constante
que le ata al letargo del día.

Camina tristemente el que no sufre y aquel
en el que el dolor se convierte en veneno
y no hay remedio que aplaque la locura.

Camina tristemente el que no viaja y conoce
las pisadas de otros, quien no hace fotos
donde todos fotografían los instantes eternos.

Camina tristemente el que no existe,
el que es puro eco de su figura
y sobre una escultura de escayola firma
para retratar su existencia hoy.

Camina tristemente el que se adora,
y no sabe que es un asno con corbata
de pezuñas de oro y plata.

Camina tristemente el que no anda,
y reposa el esperar sin esperanzas,
quien no investiga su muerte ni su pasado.

Camina tristemente quien no tiene problemas,
y se ahoga en su propio ego de mentiras.

Camina, encuentra y lucha,
porque solo así es la vida.

VILLALBA DEL ALCOR




Villalba del Alcor

Villalba del alcor sobre una cornisa dorada
nace entre dos mares de girasoles que
encienden las tardes con el repicar de las campanas.

Frontera con Sevilla y Huelva,
la mirada de su travesía, distante,
se hace mujer entre los moreros
que saludan y despiden nuestras pisadas.

Amplia y grande, hermosa y brillante
luce con sus señoriales casas, calles de plata
y flores de los balcones que la adornan.

El entramado de rincones la hace única,
bajo los senderos de la tarde fresca.

Amortajada de vinos andaluces,
la melancolía de las fiestas del Carmelo
nos pasea por una feria de luces,
y aquel corazón del cinco de febrero
que manchado de candelas, vive
un año más junto a la ermita noble y santa.

Villalba del alcor, cima de montañas
y espesor del verano fresco entre alcores
que dibujan campos de albero.

Villa de aquellos jornaleros
que arrodillados a los campos
hacen sentir el orgullo de un pueblo,
pueblo santo de mil devotos feriantes.

Mientras suenan las campanas,
el reloj toca las doce. Misa.

El agua fresca de su blanca fuente
hiela de anhelo el cielo celeste
que arrasa con nuestros cuerpos
derretidos del fuego de la plaza.

Villalba del Alcor,
cumbre de artistas,
nos envuelve en un halo
de música y esencia
a cualquier hora del día,
entre la fresca mañana
entre los cálidos días.

Pármulo


POEMA UNO

Poema UNO



Tus labios blancos como la piel de algodón
quiebra bajo el sol
tras haber sentido el viento que nos evapora.

Los gritos de las mareas nos adelanta
un nuevo atardecer
en dos noches sin sombras.

Los huesos y las espaldas
cantan al mar entero dos sevillanas
y nuestros dedos al son,
llueven promesas de despedidas.