El café eterno




El café eterno

Son las tres antes de las cinco; afuera llueve, 

hace frío, aquí, a un lado de mi taza de café, 
te espero. 
Sé que aún en fin de semana, el tráfico infernal 
de la ciudad, te ha retrasado. 

No aguanto el contarte que hoy
empece a escribir sobre la cima del precipicio. 

También quiero contarte que desde ayer, no 
he dejado de pensar en ti, 
ni he dejado de soñar nuestros días,
solo quiero compartirte mi todo. 

Son las seis en punto, 
que habra pasado, 
¿la lluvia te habrá disuelto?
o al igual que a mí, una taza de café, 
te ha invitado estar mas minutos en el silencio.

Me preocupa el que al tú ser un poco 
desenfadada de la vida,
te hayas olvidado tu los labios
o aquel bonito color de los ojos.

Mi gota de agua, ¿donde te habras metido? 
en el pasear cotidiano siempre
 tienes cosas que pensar
y lugares que recorrer, 
pero sé que hoy, no será así, llegaras... 

Al terminarme esta segunda taza de café
he pensado en todo lo que me dijsite ayer, 
que soy un loco y te abrumo, 
que te contradigo en lo que más ansias,
que si te sonrío enrojeces tus mejillas
y yo creo que... aún no me has conocido.

Rápido, porque en treinta minutos, 
cierran este bar maloliente y engrasado
con el olor del dominó y el beber inconsciente
y quiero mostrarte lo que hay en aquella mesa, 
un espectacular ramo de rosas rojas
que se marchitan sin saborear el agua
de aquel río abajo.

Tambien quiero presentarte a Pablo
notable hombre de negocios, que suelta risotadas, 
al escuchar nuestra vida, increíble dice él.... 

Ya voy en camino a la casa; tal vez, 
ahí estaras, diciéndome porque no traje un paragüas, 
siempre reclamándome lo que te preocupaba
y diciéndome, que perdí la cabeza en un combate 
cuando ni tiempo tenía para morir.
Loco por tí.

Llegué, abrí y el silencio me aturdió, 
escucho el repicar de la soledad en mis entrañas, 
camino a la sala y estas ahí,
como fragancia suspendida, 
las lagrimas anegan los pensamientos, 
las arañas urgan entre los huesos, los perros, 
roen en mi cerebro...
hacía años años que al calor de mi café
te fuiste y yo... esperando sin esperanzas
no he tenido siquiera tiempo de visitarte.

¿Es triste no?