Quince minutos de despedida



Quince minutos de despedida

Enjaulado en el desierto helado
de la mano de un cuervo hambriento
enterrando sus garras en la tierra
para morir hundido en una catedral
con ceremonias de viento sin tiempo.

El temporal de las candelas se apaga
y nos deja insustancial,
ya no quedan memorias ni lapsos
sino delirios recluidos en una cárcel
de libertades imputadas por una llave
que nos habla desde lejos en
coma, las esperanzas de ser y existir.

Un minuto para decirte adiós
para borrar de nuestras manos 
lo que fue amor y así mismo
para infectarnos de heridas
que no cierran más que con el
paso de tardes y primaveras.

Ya el quilómetro cero ha dejado
de estar quieto.

Dos minutos para asimilar que...
te he perdido en esta duna inmensa
que nos arrastró hasta el recreo
de mil corazonadas tremendas,
ya no cambian de color y siguen vivas
ya nos matan en la despedida.

El tiempo se hace historia y de ella
hago una tragedia.

Tres minutos para contestarme
a mi mismo que he cambiado el alma
al diablo para dártela a ti.


Cuatro minutos para encontrarme solo,
cinco minutos de desesperación y
seis minutos como siete eternidades.


Ocho minutos infinitos en ese desierto,
intacto y sin más viento que el pensar
que no volveré a encontrarte entre
mis dedos, ya dejé de ser rico.


Nueve pisadas desde que te perdí
y diez son las rosas que te regalaría.


Once la hora en que te conocí y
a las doce te besé en mis sueños
mientras dormía pensando en tí.


Trece son los días que quedan para
que vendamos nuestros besos
a otros labios que no lo merecen.


Catorce los soles de nuestros días,
los días en que no llueve no regamos
las flores del jardín, ahora tristes,
sosegadas de tanto vacío.


Y quince mil veces maldigo
haberte olvidado tan tarde,
ahora sufrimos sin respuesta,
no hay entonces remedio
para este corazón podrido
y para esa boca insaciable
que no muerde más que
unos ojos que no son suyos.

PÁRMULO '10
"...dímelo a mi."