En 1/4 hago lo que yo quiera




En un cuarto hago lo que yo quiera.

Tú me provocas aprovechando las alegrías
jugando con las tristezas de que te fuiste y
ahora sobre una cama quieres perder el aire
que un día hundió a mil hijas del faraón.

No has pensado que el beso casi dulce
se ha descolorido y ahora es negro como
la camisa de aquel vendaval triste y lloroso.

El cuerpo nos hace ser torbellinos de seda
en una nevera que sólo sirve para morir
en el frío de nuestras dos gélidas manos de sal.

Escapar de las siete candelas de la noche
no es la opción suficiente para ponernos a
hablar de lágrimas, sino de esperanzas que
pueden parecer sin sentido, mustias y de eco.

El crisol diáfano y risueño nunca cesa y
entre las mañanas aparece una nueva ola
de esmeraldas que no dan tregua al mundo.

La razón nos quema entre dos aguas tibias
de donaire peligroso o inequívoco,
estructural y ordenado en una arquitectura
casi perfecta entre dos montañas inflamadas
de sarpullido intermitente y repugnante.

PÁRMULO '10