EL PACTO DE VENTURA




Entre el diablo y la luna
hay un pacto, el de ventura
que intenta servir de medio
entre el eco y la amargura.







El grito de la playa se
asemeja a las doce tardes
medioacabadas en letargo por
una cama oxidada en clavos.





La lanza del mediodía nos
permite hablar durante horas
de la temblorosa quimera
a pie de río, que no suena.



Y entre tanto, el amor se hace
odio, tortura entre dos llamas
que poco a poco van meditando
el sobrevivir de pasos de hojalata.





La naturaleza pone en riesgo
el temperamento de la tarde
y de cuando en cuando se deleita
una sinfonía malpintada.





Pintar entre pinares de
la ultraluz de los cristales
es lo que nos permite temblar
entre las garras del juglar.