INTIMIDAD

INTIMIDAD

Cada rincón de dolor de aquella casa
huele a corazón achicharrado con
especias de la India que van
envolviendo los años hasta dormirlos.

De esas esquinitas salen voces que
van retumbando lentamente
sobre los dos mares verdes que
abundan en un rostro sin fín.

Solamente se oyen unos gritos,
bajo las sábanas de terciopelo
que en el invierno nos dan tregua
y nos ahogan de alientos muertos.

Las culebras salen de tus ojos y
entre las sabanas se van perdiendo
hasta que llegan a un laberinto
y se ocultan tras los cielos, tan
enormes como las columnas de un
templo en medio del desierto.

PEQUEÑO POEMA PARA UNA REFLEXIÓN INFINTA
























Las corrientes de aire entran
como los corazones inflados
tristes de perder el vicio
de los moreros y las aceitunas.

Las alas de los aviones dejan ver
las cuatro estaciones de los alpes
mientras las balas militares
atraviesan mentes criminales.

Trece fases para un viernes 13
quinquenal de las monedas
sin pensar en los pensamientos
de las tres semanas atrás.

Las ranas van gritanto mientras
la luz de la noche oscura,
tristemente alejada de las manos
de los dioses del día fúnebre.

LOS TOROS DEL ALMA



Nace el quejío del corazón

como un grito que rememora,
son como lanzas de sudor
que atraviesan hasta el alma.

Fuego en el pecho encendido

que de pronto se dispara,

suena como el grito vacuo

de mil sirenas ahogadas.

Ay ay ay, que sentío,

mustias palabras calladas,

suena a flamenco fundío con
el dolor que reclama.


Y entre sudor y escalofrío

siempre al son de una guitarra,
llena de fuerza el vacío
como
los ecos que braman.


Ay, ay, ay, que sentío,
el saco, el martillo, y la fragua,
fueron primeros manteles
como una pena que amarga.

Con el sonido de un quejío

rompe la limpia mañana,

sal donde estés escondío

para el alivio del alma.

Pármulo '09