UNA HIPPIE EN UN PUEBLO


Una hippie en un pueblo.



Empiezan los camiones a pasar
uno tras otro sin parar de reir,
sin parar de hacernos sufrir.

Entre el alboroto, unas bicicletas
arrastran dos cuerpecillos tristes
en medio de una autopista
haciendo resonar sus dientes
en los arcenes de la derecha.

Ni el más sentido pésame,
juegan alocadas las lágrimas
de aquella mañana muerta
mientras las ropas rastran
como dos trilladoras, unos
surcos de bandas arqueadas.

Los colorines de sus medias
una vez más corren,
con indiferencia y sin
presumir de las nuevas modas
y las falacias del mentiroseo.

y que hablen de la novia
y que dejen olvidados
los nuevos broches, casi
endemoniados.

Pármulo.-