LA PUERTA Y QUE REMEDIOS

La puerta y qué Remedios.




Sin deshojar tardes nos sentamos

bajo cielos del condado blanco,

casi adormecidos de la tranquilidad.


Aquella jaca a un paso lento

baila junto al fuego

de lo que un día fueron vecinos

sin tardes caballeras.


La niebla de sus risas

y el enjambre de sus manos

embriagan el sentir un nuevo

aliento de miradas escalonadas.


Entre encierros y muñecas

sale un toro del corral

y quien para aquellos genios

es ella, sin más remedios.