EL CALOR SIN TELELE

El calor sin telele.


Las nubes grises y coloradas

gritan derretirse bajo la lluvia,

y en el alboroto una aplaude

la fiesta del sol.


Entre las playas hay una línea

que va cubriendo la arena de,

lo que fue mi cadena sin sombrilla.


Las balizas de las olas casi

se han secado y lloran

lágrimas de fuego adormecido

engalonado en fogueos de agua.


Una figura que pasea por la orilla

duerme el viento cálido y

lo va haciendo brisa de tarde.


Sin fruslería de ser importante,

las rocas del peñón caen y en

delirio miran tras sus gafas

cuando chocan entre cuerpos.


Es una fuerza imperial e

impermeable sobre las olas que

va importando el viento de otros

mundos elfos y anticristianos.


Son ruegos de impertinencia,

son calamidades entre sus dedos

y después de la impotencia,

cae la tarde sin más remedio.


Las nubes grises y coloradas

gritan derretirse bajo la lluvia,

y en el alboroto una apalude

la fiesta del sol.