RAMERA

RAMERA

Tras una arboleda de elencos silencios
un suspiro de agoniía envejecida tienta
las malas noches y los largos días.

Su sonrisa casi muerta se enrojece junto
a sus largas manos torcidas por la humedad
de las noches y las aguas.

Ciento treinta inviernos negros retraidos
de esperar una momificación de pensamientos
inertes o sin convención alguna,
tras la puerta de la mastaba piramidal.

Una rubia locura enverdecida de bondad
y esperanzas moribundas, acaba siendo
la razón de la noche triste.

Triste noche en un cielo despejado de
aguas amarillentas que circulan por
la garganta de aquella vieja anciana.

Poco a poco los colores se hace grises
y las mazmorras de la libertad se abren
para convertirse en una carcel de pecados.


García Garrido - PARMULO T. - Año 09' -